Ser rebelde

Ser rebelde

Cuentan que los rebeldes son los que descubren caminos nuevos, los que pueden salir del sueño de la humanidad, los que con su lucha liberarán a los demás.

En esta vida la rebeldía es muy rechazada (cuando alguien se comporta así contigo), o muy envidiada (cuando alguien hace lo que le place). Pero raras veces queda indiferente.

Se dice que solo la tienen los valientes, los elegidos, los que tienen el valor de cambiar las cosas.

Pero, ¿qué es la rebeldía? No es más que un comportamiento humano caracterizado por la resistencia.adolescentes

Analicemos que hay tras una resistencia; incapacidad de aceptar lo que es, desobediencia, enfado, lucha, dolor (porque uno no cambia lo que no le duele), ira contra lo que luchas, rabia por quién y qué te resistes, tensión, pensamiento repetitivo obsesivo sobre esa liberación…

El ser humano cree necesario esos elementos pues no concibe victoria sin lucha. Afortunadamente Gandhi no pensó lo mismo.

La rebeldía no muestra más que la debilidad que se encierra tras uno.

En la actualidad la rebeldía se muestra en el exterior y en el interior, la humanidad clama a gritos la necesidad de cambio, unos deciden cambiar el exterior y otros su interior, o ambas cosas. Pero la única verdad en todo ello es la infelicidad que cada uno siente. No gusta lo que se ve, lo que se siente, lo que se escucha, no gusta nada. El mundo está en guerra.

A veces con la rebeldía se pueden conseguir algunas cosas, pero el precio siempre es demasiado caro. Ira, rabia, dolor, tensión, obsesión… son pesos demasiado grandes para poder arrastrarlos durante un tiempo. ¿Merece la pena? Es lo que cada cual debe preguntarse.

A estas alturas de la lectura, si has llegado, tal vez, estés cargando esa rebeldía contra mi, diciendo “ ¿Y que tenemos que hacer aguantar lo que pasamos, sufrir, quedarnos sin hacer cambios externos e internos? Si os dais cuenta yo no dije nada de no hacer cambios, pero vuestra rebeldía os traiciona porque habla antes de escuchar.

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Gandhi consiguió grandes logros con un movimiento que el llamaba lo “no violencia” porque él manejó la situación más allá de la mente, desde la conciencia. Todos no podemos ser un Gandhi, pero si podemos saber en qué consiste la verdadera rebeldía a la que yo llamaría “valor”. La rebeldía es de los temerosos y el valor es su opuesto, no podría ser de otro modo.

El valor lo primero que hace es mirarse a si mismo, ver qué te afecta, cómo te afecta y cuál es “tu verdad”, sin lanzar culpas sobre los demás. Hacer eso implica darte cuenta de que muchas veces estás equivocado, que tu vida no es la que tu crees que es, que tal vez has estado viviendo en plan “Antoñita la fantástica”. Una vez uno logra ver la verdad en si mismo, logra verla en el exterior.

Ninguna batalla se gana cuando lo que se lucha no es más que una mentira que nosotros creemos, para ganar una batalla hay que saber la raíz del problema, que muy difícilmente, se logra saber cuando ocupamos todo el tiempo en rabias externas de nuestra rebeldía creada como resistencia por no querer ver nuestra verdad.

Una vez uno sabe la verdad sobre lo que le sucede, se plantea dos preguntas, ¿Puedo cambiar esta realidad?, si la respuesta es sí, ¿Cómo puedo cambiarla?

La gran mayoría de veces se pierde cantidades infames de tiempo intentando convencer al resto de la población de lo que mala o lo buena que es una cosa, no importa que se haga, mentir, impartir noticias sin contrastar… el propósito es tener el máximo de aliados, estos aliados que obtenemos, hacen lo mismo, y así sucesivamente. Lo que obtenemos es un montón de gente muy cabreada, y a estas alturas, poco objetiva, pues solo ve culpa en el otro, sin analizar cual es la verdadera causa del problema. Tal y como he dicho, la rebeldía no es más que fruto del miedo, esa es la causa por la que se busca otra gente para hacer grande su causa, grita más que nadie, se hacen de ver, generan mucho escándalo. Pero la realidad es que muchos gritos y pocos hechos, digno de cualquier cobarde.

Todo es muy sencillo, el miedo es quien lo complica, no sirve de nada convencer a miles de personas para que luchen por tu causa si ninguno de vosotros tenéis el valor suficiente para, en principio, ver la verdad a la que no te quieres enfrentar, y en segundo lugar, pasar a los hechos sin tanta demagogia.

Si puedo mover el mundo moveré el mundo, si puedo mover un dedo, moveré un dedo, pero jamás perderé el tiempo, en algo que no sea un hecho, que lleve a la solución.

Lucía Ferrándiz

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